Soledad ¿Amiga o enemiga?
- SebasActor

- 30 ago 2018
- 3 Min. de lectura

Me acuerdo que cuando era pequeño y me preguntaban cuál era mi mayor miedo, yo siempre por tratar de parecer un niño muy maduro decía “mi mayor miedo es la soledad, crecer y quedarme solo” la verdad, solamente lo decía porque escuchaba que lo decían mucho y yo siempre quería parecer un niño con pensamientos de adulto. Con el tiempo, ya teniendo unos 11 o 12 años dicho miedo se empezó a convertir en realidad, mis papás trabajaban mucho y yo me quedaba solo en la casa, pasaba mucho tiempo a solas cuando llegaba del colegio y venían pensamientos a mi cabeza, empecé a darme cuenta que en verdad no me gustaba estar solo, me sentía vulnerable, aburrido, deprimido y me hacía muchas preguntas sin sentido, mi cabeza empezaba a jugarme jugadas sucias y venían pensamientos absurdos a mi, la mente de un pelado de 11 o 12 años siempre va a ser una caja llena de sorpresas.
Pasó aún más el tiempo, tuve una adolescencia bastante ajetreada y adelantada, vivía como un adulto, pensaba como un adulto y así mismo, cometí algunos errores que tristemente también cometen los adultos, esto hizo que mi miedo se hiciera aún más fuerte, ya me daba miedo crecer más y que por culpa de mis errores ya nadie quisiera estar cerca de mi y tuviera que estar solo. Después llegaron problemas como a todo el mundo y esa temida soledad… llegó.
Con casi 18 años, me encontraba solo, lastimado, herido, deprimido y arrepentido. Gracias a Dios tenía trabajo, pero aún así ni el mismo arte que es mi pasión más grande luego de Jesús, me llenaba. Pero suelo ser una persona positiva, así que trate de buscarle beneficio a esao soledad, después de todo solo tenia dos opciones: o me deprimía y dejaba que la depresión me llevara al límite o me sacudía y buscaba algo positivo de todo esto y así fue.

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Primero en mi soledad me empecé a conocerme más a mi, a saber mis miedos, fortalezas, debilidades, virtudes. Empecé a darme cuenta de quien eran que era lo que tanto tenía que trabajar en mi. Empecé a valorarme, a admirarme y a quererme y no quiero soñar egolatra, lo que digo es que también tenemos que aprender a amarnos y eso fue lo que hice. Yo me daba muy duro siempre pero ahora había decidido aceptarme y quererme, empecé a disfrutar de una manera impresionante mi soldedad, quería estar solo y cantar, bailar, llorar sin que nadie me viera, solo yo en mi intimidad. Pero aún así aún había problemas, aún seguía vulnerable y ahí fue que Dios me tomó. Dios aprovechó mi situación y empezó a meterse en mi soledad una vez lo acepté. Ahora mis tiempos a solas eran momentos de oración, alabanza, revelación, gozo, inspiración. Empecé a querer estar solo porque allí Dios me confrontaba. Cuando estaba deprimido quería estar solo y desahogarme con Dios, cuando estaba feliz quería llegar y decirle a Dios cuan agradecido estaba con El. Luego caí en cuenta que estaba poniendo en práctica un versículo en la biblia que dice: Más tu, cuando ores, entra en tu aposento, y cerrada la puerta, ora a tu Padre que está en secreto; y tu Padre que ve en lo secreto te recompensará en público (Mateo 6:6). En ese momento me di cuenta, cuando estamos solos somos nosotros, sin máscaras y así es como nos ve Dios, con almas desnudas y cuando estamos en ese nivel de honestidad es cuando nos damos cuenta de lo que en verdad sentimos. La soledad puede ser la peor enemiga o puede ser tu mejor amiga, todo depende de a quien le abres la puerta cuando estás en ella.




Tengo una experiencia muy bonita de Jesus y eso me llena el alma pero siento que no lo merezco. En esos casos ¿Que se puede hacer?